A primera hora la novia ya estaba sentada en el salón de belleza Xpression de Irún.

Susana se esmeraba en conseguir el moño perfecto.

Entre risas y cotilleos terminó el peinado y cogimos el coche 

para llegar a casa de la novia.

“¡Mira qué día me ha salido!

Estoy por no casarme y aplazarlo hasta que salga el sol.”


Beatriz estaba de lo más pesimista desde que salió de la peluquería.

El día estaba cubierto y las nubes de un color gris que le disgustaban sobremanera.

El novio, nervioso ante los preparativos, descubrió que el cinturón le quedaba grande.

Sin darse cuenta en la última semana había perdido más de tres kilos.

Todo a punto y de pronto… 

“¡Se me ha olvidado el reloj!

Tengo que avisar a algún familiar para que me lo lleve a la Iglesia.”


Una vez en la Iglesia El Manzano de Hondarribia, 

me acerqué al novio para entregarle el reloj y la madrina con una pequeña inclinación corporal dijo de forma contundente:

“¡No es momento para vender relojes!

¿No ve que se va a casar mi hijo?”

Yo, cámara en mano me quedé con la palabra en la boca.

Saúl se reía a carcajadas. Sin duda fue una de las anécdotas más conocidas del enlace.


Al finalizar la ceremonia se sucedieron besos y abrazos de amigos y familiares.

El reportaje de pareja fue de lo más ameno.

Destacando el color favorito de la novia: el rosa.


El restaurante Beko Errota de Hondarribia esperaba a los novios con un coctel delicioso.

La decoración que eligió la pareja dio mucho juego con las fotos de grupo.

Una preboda campestre en fotografías polaroid, flores, iniciales gigantes, palets…

Sin duda un ambiente de lo más jovial.


La comida y la cena dieron lugar al baile.

Una coreografía llevada en secreto con la que sorprendió el novio tirándose al suelo

con pasos de Brake dance.

El photocall parecía no tener fin, se revelaban fotos de lo más pintorescas.


Y aunque he contado mucho en ésta introducción,

seguro encontraréis mil detalles en las fotografías de éste día de

Bea & Saul.

Postboda

Soñar con un día especial durante tanto tiempo te da la ocasión de prepararlo al milímetro.

Sin embargo la PostBoda fue casi una sorpresa. Ella quería algo inolvidable, él, aún tímido, se dirigen hacia lo más alto de los Flysch de Zumaia.

Con algo de miedo por la altura ella se agarra a su marido y él la tranquiliza “No mires abajo, yo te sujeto.”

Esperamos a que bajara la marea para poder realizar las fotos de sirena que tanto ansiaba la novia.

Sin duda sería una de las fotografías que revelaría para que quedara patente en su habitación.

Terminaron contentos, muy contentos con el resultado a pesar del miedo y el chapuzón.


¿Quieres cumplir un sueño?